Asia Mis viajes

El trekking de la vida

  «Si esperáramos el momento perfecto, nunca empezaríamos nada»

Llegó un día muy esperado en nuestro viaje. El día que comenzaríamos la caminata de nuestras vidas.
4 días atravesando bosques, pueblitos nepalíes, valles con terrazas de arroz en medio de escarpados paisajes con los himalayas como telón de fondo.
Vaya haciéndose una idea con esta estadística: de las 10 montañas más altas del mundo, 8 de ellas se encuentran en Nepal, específicamente en la cordillera de los Himalayas. Y ahí, por si fuera poco, nos fuimos a meter nosotros.
Everest es quizás el nombre que le suene más familiar, con 8.848 metros sobre el nivel del mar, es la número uno del mundo, y nosotros tuvimos la suerte de verla desde el avión cuando nos fuimos de Nepal…Ahí, entre las nubes, se asomaba imponente, blanca y radiante.

El gran gigante, a la izquierda.

Sin embargo el Everest tiene unas primas, menos conocidas pero de inigualable belleza…Las caprichosas Annapurnas. Y llevan ese adjetivo porque costó que se asomaran. De la semana completa que pasamos en Pokhara, se asomaron una sola vez y un par de horas…Estuvo siempre nublado y por las noches llovía. Los días fueron pasando y tuvimos que comenzar nuestro trekking, sabiéndo que podían tocarnos días maravillosos o tormentas en pleno camino. Así que cruzamos los dedos, contratamos el trekking de 4 días, a un porteador que llevara nuestra mochila, y partimos con toda la fe de que nos tocaría buen clima y que tendríamos la suerte de ver una de las montañas más altas del planeta.
La caminata empezó a dos horas de Pokhara, a mil mts. de altura y al tercer día en la mañana, alcanzaríamos el punto más alto de la expedición: 3.210 mts. en Poon Hill, mirador desde donde se aprecian al amanecer los Annapurnas y el Daulaguiri de 8.167mts. Quizás, teóricamente hablando, no suena gran cosa, y si bien no hicimos una expedición de dos semanas a un campamento base, les juro que jamás caminé en toda mi vida, como durante esos 4 días.

Día 1: Partimos con Krishna, nuestro porteador, por un sendero impecable de piedras plateadas que cruzaba puentes, ríos y cascadas. Fueron solo 5 horas caminando, la tarde fue soleada  y con un poco de nubes que agradecimos para no cocinarnos.

Con Krisha. Nuestro porteador, guía, fotografo y amigo.

Apenas llegamos a Hile y nos ubicamos en nuestro refugio de 2 mil pesos la noche, se cayó el cielo lloviendo. Cuando paró un poco la lluvia, salimos a dar una vuelta por el alrededor, pero volvimos con algunas sangijuelas pegadas en nuestros pies…no gustarme esos bichos chupasangre!
Después de una cena reponedora, nos fuimos a la cama a dormir. Nuestro 2do día se venía duro.

Dia 2: Estábamos en pie a las 6:30 am. Ya había amanecido y le echamos combustible a nuestros cuerpos con un calórico desayuno. A las 8 ya estábamos camino a Gorephani, donde pasaríamos la noche. El paisaje se puso más bonito, más verde, más barroso y con un sinfín de escalones.

Nuestro paso era lento y seguro…Un ritmo marcado por Krishna que llevaba 12 años haciendo este camino. Al principio, nos pareció ridícula la velocidad, pero de otro modo hubiésemos muerto al 3er día. Descansábamos poco tiempo y cada una hora. Cada vez más el sendero nos regalaba escalones naturales que subíamos zigzagueando, y a ese ritmo, que uno cree no avanzar, no nos dimos ni cuenta cuando llegamos a ese pueblito de casitas azules: Gorephani.

Estamos en un refugio más acogedor que el de anoche, sigue siendo ultra sencillo, con piezas de 2 camas individuales y un velador que las separa. Pero el espacio común, como un living comedor, cuenta con algo así como una salamandra que nos brinda calor de hogar. Antes de caer la luz, las nubes se abrieron un poco y desde lo alto del celeste cielo, Annapurna nos mostró parte de su anatomía robusta, blanca y filuda. Dejó ver sólo su punta, que se aparecía y se volvía a esconder entre las nubes. Todos los viajeros caminantes corrimos en busca de nuestras cámaras y salimos a dispararle a ese mounstruo de 8.090 mts.

Ahí tomamos conciencia de la magnitud que tenían esas montañas que uno siempre vió en documentales. Deseamos con más fuerza que nunca, que las nubes nos dejaran ver lo otros ocho miles que se ven desde el mirador de Poon hill. (nuestra siguiente parada y punto más alto de la travesía) El término «ocho miles» lo usan los escaladores y montañistas para referirse a las montañas que superan los 8 mil mts. de altura.
Nos fuimos a dormir a las 20 hrs. para estar listos a las 4 am.

Día 3: Eran las 4 am. y apenas abrí un ojo lo primero que hice fue mirar por la ventana, estaba oscuro aún y en el cielo se veía con suerte una estrella. No estaba despejado. «Vamos igual no más» dije mientras me preparaba para subir durante una hora, más de mil escalones, y de esos altos, como los que hay en la muralla china. Me sentía débil. Sin desayuno yo no funciono y era demasiado temprano como para haber desayunado. Me arrepentí de haberme comido ese Snickers de pura gula el día anterior y no haberlo guardado como gasolina para esa mañana. Iba lento y por momentos mis piernas se acordaron de los escalones del día anterior, y mi rodilla se empezó a quejar. Pero seguí, no me detuve, y cuando llegamos arriba ya estaba claro. Eran cerca de las 5:30 y sentí frío…o quizás fueron escalofríos.
Un quiosquito astutamente ubicado vendía café y chocolate caliente y barras de chocolate bien calóricas que me devolvieron el alma al cuerpo.
Le pregunté a Krishna donde estaba la cadena montañosa de los Annapurnas y me indicó frente a mi un trozo enorme de cielo cubierto de grises nubes. Me quedé un rato observando y pidiéndole a Diosito que porfavor me dejara ver un poquito que sea. Habíamos llegado hasta Nepal y caminado tanto para no ver nada? Detrás mio el cielo asomaba un pedacito celeste que empezó a correrse hacia donde están las montañas que todos deseábamos ver, y si bien no se despejó (del todo), se corrieron las nubes que cubrían la parte más alta de las «caprichosas» y el Daulaghiri. La gente comenzó a exclamar «wuooow» «Oooh My Goood» y cosas así mientras apuntaban con sus cámaras. Fue un instante muy emocionante y creo que lo disfruté mucho más que si hubiera estado 100% despejado.

No saber donde estaban ni imaginar la magnitud de toda la cadena, nos hizo apreciarla y valorarla más aún. Ver la luz del sol reflejada sobre la gigantesca punta del Daulaghiri, que es un poquito más bajo que el Everest, fue la recompensa a nuestro esfuerzo. Estábamos felices y yo no paraba de agradecer, sonreir y alucinar.
Nunca en la vida habíamos visto un paisaje de ese calibre. La perspectiva de su inmensidad te hacía sentir como algo minúsculo sobre la faz de la tierra. El misticismo se respira y llenó cada celula de mi cuerpo. Me sentí oxigenadamente FELIZ!

Bajamos a nuestro lodge a tomar desayuno y tuvimos una mañana celeste con vistas parciales de puntas nevadas gigantescas. Partimos a las 8:30 nuestro 3er día de caminata. Subimos como una hora y media y despues nos tocó bajar y bajar por bosques llenos de vida y verde.

Cuando llevábamos mas de 2 horas bajando, nos tocó la subida más pesada de la caminata y eso sí que nos mató. Llegamos a nuestra parada a almorzar agotadísimos y de la nada llegó una nube gris gigante y se puso a llover.
Decidimos parar y pasar noche ahí. Después de 9 horas de intenso camino el stop era más que merecido.
Pasamos la tarde con otros trekkers que fuimos conociendo en el camino. Un señor sesentón con su hijo treintón de Holanda (Bas & Vincent) y A.J, un estadounidense instalado en India por trabajo.
Como siempre, despúes de la temprana cena, nos fuimos muertos a la cama.

Día 4: Como los refugios donde dormimos tienen baño afuera, me tocó ir antes del alba. Y camino al baño me topé con una luna inmensa y brillante y el cielo estaba repleto de estrellas! Miré hacia las montañas y lograba ver una franja blanca altísima de ochomiles.
«Hoy será un gran día», pensé y volví a mi cama, pero esa imagen que acababa de ver, me desveló y me dieron ganas de quedarme despierta esperando el amanacer.

¿Cuando iba a volver a ver un amanecer así? Aunque volviera a ese mismo refugio y mirara hacia la misma dirección a la misma hora, jamás sería igual. Esos instantes son únicos e irrepetibles.

Después de ver los rayos del sol naciendo detrás de esas montañas, desayunamos con los holandeses y el gringo en silencio, contemplando ese majestuoso telón de fondo.

Nos despedimos y partimos rumbo a nuestra meta final: Nayapul, el punto desde donde comenzamos la travesía.
Jamás imaginé sentir más cansancio que al 3er día, pero el 4to y último, fue heavy! Mis piernas estaban tan molidas que apenas podía caminar. Fui en silencio, concentrada en mi respiración y en cada huella que dejaba en esos preciosos bosques. Las últimas 4 horas de 10 que caminamos el último día, fueron escalones dolorosos.
Cruzamos el pueblito que más nos gustó de todos, Gandruk, que por última vez, nos mostraba la pausada y simple vida de estos pueblitos perdidos entre las montañas.

Llegamos cansados pero dignos a nuestra meta. La sensación de satisfacción después de haberlo logrado fue increíble.

Vimos imágenes que difícilmente se borrarán de nuestra retina. Nos sentimos felices y afortunados de haber caminado por uno de los senderos más hermosos y remotos del mundo. Respiramos y sentimos el mágico y místico reino tibetano y budista, y contemplamos la danza de sus coloridas banderitas que extienden sus mensajes espirituales metafóricamente, a través de la fresca brisa de los himalayas.

Ruedas de oración tibetanas en Gandruk. Se giran en el sentido de las agujas del reloj.

Fue, sin dudas, lo que más nos ha gustado en todo este viaje.

Datos Prácticos del Trekking

Ruta: Nayapul a Gorephani con amanecer en Poon Hill. La vuelta desciende por Gandruk, donde recomendamos al menos hacer una noche.
Precio: 200 Dólares por los 2. 100 dólares (50 lucas) cada uno por 4 días. Gastos de comida y alojamiento, aparte.
Contratado desde Pokhara con el Hotel View Point (ahí mismo pregunte por Krisna)
Qué llevar: Lo puesto y una muda de ropa de recambio (es necesario tener siempre a mano algo seco)
Bloqueador, lentes con filtro UV, ojalá un gorro, capa de lluvia y buen calzado de trekking. Pastillas contra el mal de altura, que nosotros al menos no sentimos. Pastillas para el dolor de cabeza y una benda para el tobillo o rodilla. Es mejor tener estas cosas aunque no las llegues a usar, que no tenerlas y necesitarlas en el camino. Agua y comida se encuentra en el camino en los refugios.
Y sobre todo, muchas ganas de caminar.

Quizás también te interese leer esto:

No hay comentarios aún

Comentar