Asia Viajando en pareja

Luang Prabang, la ciudad de los monjes

Luang Prabang. Cómo me gusta esta pequeñita ciudad. Tiene unos aires coloniales y afrancesados que me recuerda a mi barrio favorito de París (Montmartre). Pero si a eso le sumamos la belleza de sus vistas al río y lo colorido que resulta gracias a sus anaranjados monjes, esta chiquita ciudad patrimonio de la Unesco se ha convertido para mí, y varios viajeros, en una de las más lindas del sudeste asiático.

Cuenta con un mercado hermoso y muy variado todas las noches, entre 18 y 24 hrs. y les juro que dan ganas de comprárselo todo, pero como estamos viajando largo, tuve que aguantarme y priorizar el viajar livianos, asi que sólo me compré un vestidito. Jejejeje!
Lo malo es que los precios de los alojamientos estaban por las nubes para nosotros, quizás porque justo llegamos el fin de semana de año nuevo chino, no lo sé, pero nuestro presupuesto promedio de 10 dólares diarios se duplicó así que estuvimos sólo 4 noches, que fue suficiente la verdad.
Luang Prabang cuenta con muchos templos y es hermoso ver la vida de los monjes y sus túnicas naranjas colgadas secándose al sol. Uno de los atractivos, de hecho, es levantarse al alba y ver cómo los monjes caminan por la calle y la gente de rodillas los espera para su ración diaria de comida. Yo no fui capaz de madrugar esta vez, pero igual el último día salí antes de las 8 am a caminar por sus tranquilas callecitas y pude percibir el despertar de la ciudad. La gente a primera hora barre las cunetas y por eso siempre están tan impecables, y de sus panaderías sale el delicioso olorcito de sus baguettes recién sacados del horno (otra cosa que me transportó al barrio bohemio de París) y de pasada me abrió un apetito voraz.

Un día cruzamos unos de sus puentecitos y fuimos a una especie de aldea que hay en frente. Vimos como las mujeres viven de sus telares y esas maravillas que hacen con hilos de seda.

Me gusta apreciar su ritmo de vida lento, la familia con sus hijos y que nadie se mate trabajando para vivir. Se ven felices y me gusta reflexionar mientras observo que es posible vivir en un lugar en el mundo de forma más básica, simple, sin necesitar tantas cosas materiales. La verdad, eso es algo que se puede ver no solo en LP, sino en varias pequeñitas ciudades de Asia y me hace repensar el cómo yo quiero vivir mi vida a futuro.

Y por si fuera poco, esta romántica ciudad nos tocó para el día de los enamorados. Y qué mejor que celebrar el amor en un restaurancito a orillas del río con una buena botella de vino chileno?

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